Dream Machine

Basada en la creada originalmente en 1961 por Brion Gysin, Ian Sommerville y William S. Burroughs.
20 Octubre a 12 Noviembre. 2011
Palacio de los Condes de Santa Ana. Lucena

Horario de visitas:
Lunes a Viernes: 10.30h a 14.00h | 17.00h a 20.00h
Sábados: 11.00h a 14.00h | 17.00h a 20.00h
Domingos: 11.00h a 14.00h

Cuando entramos en una exposición, lo hacemos empujados por el deseo de ver. Ver cuadros, esculturas, vídeos, instalaciones, o quizás alguna obra más contemporánea que desdibuje las fronteras entre las disciplinas clásicas para ofrecer una experiencia más lúdica o interactiva. Sin embargo, este objeto artístico se escapa a todas esas convenciones, porque está pensado para no ser mirado.

¿Qué sentido puede tener una pieza objetual que no busca la atención visual del espectador? En pocas palabras, estimular la imaginación de los posibles visitantes, de todo aquel que esté dispuesto a dedicar unos minutos de su tiempo a experimentar con las infinitas posibilidades de la mente. Siéntate, cierra los ojos y prepárate para el viaje… Quizás no veas nada, pero quizás surja ante ti una fantástica avalancha de formas y colores, sólo hay que relajarse y dejarse llevar.

Este aparato tan sencillo como fascinante se llama Dream Machine, o Dreamachine (máquina de soñar), y fue concebido a finales de los años 50 por Brion Gysin, un escritor interesado en la experimentación con diferentes medios: texto, música, pintura y, en este caso, la luz.

Gysin construyó la primera Dreamachine en 1961 con la ayuda de otro escritor, William S. Burroughs, e Ian Sommerville, un ingeniero electrónico y programador informático que en aquella época estudiaba matemáticas en la Universidad de Cambridge. No obstante, Gysin nunca vio su invento como una obra de arte, sino más bien como un electrodoméstico visionario capaz de desbancar a la mismísima televisión. Soñaba con el día en que hubiese una Dreamachine en todos los hogares, con familias enteras disfrutando de las experiencias coloridas y únicas que puede ofrecer nuestra mente, ¿por qué tenemos que contentarnos con los programas enlatados por alguna autoridad invisible si podemos crear los nuestros propios?  Con ese sueño en su cabeza, Gysin intentó vender la patente a una multinacional para fabricar la Dreamachine en masa, pero las negociaciones no llegaron muy lejos. Lo cierto es que en su día no pasó de ser un entretenimiento de culto, primero para los beatniks y luego para los hippies. Hoy en día quizá sólo la recuerden algunos supervivientes de aquella época y unos cuantos artistas underground.

AVISO IMPORTANTE: La Dreamachine puede ser peligrosa para personas que sufran de epilepsia fotosensible u otros desordenes nerviosos. Aconsejamos no utilizarla si se padece alguna de esas condiciones. En caso de sufrir alguna visión intensa, para salir de ella sólo es necesario abrir los ojos y apartarse del dispositivo.


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