Francisco Aguilera Amate

Nace en Lucena en 1926. Participó en todos los movimientos de las vanguardias renovadoras y se alineó en los grupos de lucha contra la dictadura, constituyendo el legado de su pintura el más despiadado aguafuerte de los años de represión. Militante tardío en el Partido Comunista donde no ingresó hasta 1980, ya desde muchos años antes su compromiso con los movimientos culturales le situó en la colaboración con los partidos clandestinos, nucleados en torno al Círculo Cultural Juan XXIII, de Córdoba.

En esta línea de testimonio, Aguilera Amate fue con Francisco Cortijo, el referente de la incorruptibilidad como artista, manteniendo su temática obrerista y revolucionaria de difícil encargo al margen de las instituciones que, por otra parte, le marginaron cuando los partidos de izquierdas asumieron cotas de poder.

De ascendencia judía, que él mantenía como una clandestinidad más en medio de la persecución franquista, su familia conservaba la tradición sefardí de la sinagoga lucentina. Estudió por libre en el Círculo de Bellas Artes de Madrid y se adscribió a los talleres del pintor Carlos Pascual de Lara y del escultor Jorge Oteiza.

En la corriente donde surgieron los grupos renovadores que en forma de “equipos” llevaban al trabajo colectivo el método dialéctico de su formación política, tempranamente, Francisco Aguilera formó collera con el escultor del mismo apellido integrando el Equipo Espacio.

Las exposiciones de Francisco Aguilera son innumerables. Tanto en España como en el extranjero. A pesar de su condición debeladora, sus obras figuran en importantes pinacotecas públicas y privadas, si bien la inmensa mayoría de su producción permanece en manos de su familia, esposa y tres hijos.

Pero eran las campesinas y campesinos andaluces, los interminables surcos de las besanas, poblados de osamentas calcinadas, las “eva-forest-genovesas”, sometidas al tercer grado de los interrogatorios, la revolución de los claveles, los obispos panzudos, los curas y los guardias civiles de terciado mauser, la muerte de Grimau.

El fusilamiento de “Grimau”, su cuadro de mayores dimensiones, pone de manifiesto la ecléctica confluencia de sus orígenes. Desde los expresionistas, los muralistas mexicanos, especialmente Siqueiros, Orozco y Ribera, pintura bolchevique de obreros y fábricas, y, siempre, la anticipación, como cuando diez años antes del opart, el equipo Espacio hizo las más atrevidas intrusiones por la óptica geométrica.

Miembro cofundador del grupo Espacio de Córdoba, del Salón de Córdoba, del Equipo 57 y del Centro de Estudios de Artes Plásticas.

En 1988 fue nombrado Socio honorífico del Ateneo Casablanca y recibió la Fiambrera de Plata a propuesta del colectivo juvenil Acracia.

Tras una larga y penosa enfermedad, falleció en Córdoba el 22 de junio de 1989.

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