Christine Spengler

Descubrió su vocación en El Chad, adonde había llegado con su hermano Eric desde París, en una huida hacia delante para olvidar la muerte de su padre. Presenció el ataque de los rebeldes “tubus” a los helicópteros franceses. Los hermanos fueron acusados de espías, encerrados en la cárcel y finalmente expulsados del país: “A partir de ahora quiero ser corresponsal de guerra y testimoniaré las causas justas”, se dijo Spengler entonces.
La fotógrafa se considera totalmente autodidacta, no cree en las escuelas ni en la enseñanza de la fotografía. A su juicio, hacen falta tres requisitos fundamentales para ejercer la profesión: valor, ternura y saber mirar.
Con su Nikon de 28mm y su lema “para mí, siempre, el corazón es lo primero”, ha fotografiado los conflictos armados de Irlanda del Norte, Vietnam, Kosovo, Afganistán… Sus imágenes han dado la vuelta al mundo, ocupando las páginas de publicaciones internacionales como New York Times, Life, Time y Neewsweek. En sus instantáneas se revela la complicidad que establece con los sujetos fotografiados, sobre todo mujeres y niños, que miran frontalmente a la cámara. “Hay que tener talento para ver la belleza incluso en medio del caos”, afirma.

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